Coaching Racional: ¿Qué es el coaching?

Como adelantábamos en la entrada inicial de esta serie, definir el término coaching presenta varios problemas:

  1. No tiene un significado unívoco, más allá de la traducción directa del término anglosajón procedente del mundo deportivo (coach = entrenador, coaching = entrenamiento) y que resulta muy poco precisa.
  2. La palabra coaching está de moda, suena a novedad y aporta, desde cierto punto de vista bastante snob, el valor añadido de lo foráneo (“esto se hace en el extranjero, tiene que ser bueno”). ¡Curará su calvicie, su cirrosis y además pagará su hipoteca!Ese atractivo hace que personas que han venido ofreciendo todo tipo de prácticas/terapias orientadas a la mejora personal y profesional se apunten a ese suculento carro, por el sencillo sistema de añadir la palabra “coaching” a su lista de servicios. En el mejor de los casos, te vas a encontrar mucha asesoría tradicional vendida como coaching. Porque en el peor te pueden estar colocando Flores de Bach, cristales energéticos o cualquier otro aceite de serpiente milagroso.
  3. No hay una entidad de referencia (asociación, organismo…) clara y universal que ponga límites a lo que se puede considerar coaching y lo que no. Aunque hay prestigiosos intentos, no se mojan mucho ni son muy conocidos por los clientes potenciales del coaching, que son al fin y al cabo los que tendrán que discriminar entre buena y mala praxis a la hora de buscar profesional.

Tanta mezcolanza tiene también el lamentable efecto secundario de apartar del coaching a aquellas personas más racionales y sensatas que, sin conocerlo, huyen como alma que lleva el diablo en cuanto perciben el tufo a pseudociencia. Y es una lástima porque, como veréis, la base del asunto es bastante razonable.

El Coaching es un proceso que involucra a dos agentes, coach y coachee (cliente). El o la coachee tiene un deseo que quiere realizar, y ahí empieza todo.

A veces es un deseo muy concreto (“quiero perder 15 kilos antes de septiembre”), otras veces es más ambiguo (“me gustaría  estar menos estresada”), y en otras ocasiones es confuso (“no estoy a gusto en el trabajo, no sé si pedir un ascenso o buscar otro empleo completamente distinto”). A veces, el deseo que expresa un cliente ni siquiera es un deseo realmente suyo. Puede decir “quiero dejar de fumar” cuando en realidad no es un deseo propio, sino de su pareja. De modo que su deseo real es “quiero que mi pareja esté contenta conmigo”, que tiene consecuencias muy diferentes, especialmente de cara a la motivación.

El primer paso (y probablemente el más importante) es que el coachee transforme ese deseo difuso en un objetivo concreto, que sea medible y evaluable. Además, tiene que ser consciente de las repercusiones que alcanzar ese objetivo puede tener sobre su vida, y no todas tienen por qué ser buenas. Si deja de fumar, por ejemplo, hará a su pareja más feliz, pero le resultará difícil mantener su escapadita de las doce junto con los demás fumetas de la empresa.¿Realmente quiere renunciar a eso?

El factor esencial de la relación entre coach y coachee es este: es el coachee quien decide. La coach no va a empujarle en una u otra dirección. Un asesor (un médico, un entrenador deportivo) le dirá “olvida la reunión de nicotinómanos, al dejar el tabaco estás previniendo el cáncer y el enfisema, el mal aliento y el envejecimiento cutáneo, no seas tonto”.

Una coach pondrá todo su interés en que el coachee DECIDA POR SÍ MISMO que es lo que quiere. Aunque la coach sea una furibunda antitabaco, sus propio sistema de valores se lo deja en casa; ella solo acompaña, no dirige el proceso.

(Por supuesto, esto tiene un límite. A veces, el objetivo de un coachee puede ser tan opuesto a los valores del coach que la única respuesta honesta por parte de este será negarse a participar en el proceso y sugerirle al cliente que busque a otro profesional.)

En coaching, la idea fundamental es que quien más sabe sobre ti eres tú, y por tanto es el coachee quien tiene las mejores respuestas (y quien sabrá mejor qué nadie qué debe hacer para seguir con éxito la dieta que el nutricionista le ha proporcionado, por ejemplo). Una coach ayuda, sobre todo, a formular las preguntas.

Porque esa es la herramienta fundamental, la conversación y el diálogo. Preguntar al coachee, escuchar, conseguir que el coachee se escuche a sí mismo, preguntar otra vez. Hasta que el coachee encuentre sus propias soluciones.

El paso siguiente es establecer un Plan de Acción concreto, y hacer un seguimiento de su puesta en marcha en sucesivas sesiones, así como los reajustes y modificaciones necesarios. Para que los legos se hagan una idea, los procesos de coaching que yo he llevado a cabo han tenido una duración media de entre 2 y 8 sesiones, pero 6 es lo más normal. La duración de una sesión es de algo menos de una hora (aunque en mi caso, si el cliente tiene tiempo, no me importa alargarla con un poco de conversación informal y una taza de té). La frecuencia de las primeras sesiones es semanal, después quincenal, las últimas pueden espaciarse un mes o más.

No hay magia. No hay energías telúricas en juego. Un universo conspirador que alinea sus astros para nuestra felicidad y demás pamplinas poesías no son necesarios en absoluto.

Será al analizar las herramientas concretas empleadas para facilitar el diálogo y la comunicación entre coach y coachee (y el diálogo interior del coachee, igualmente importante) cuando veremos lo fácil que es dejarse llevar por atractivas técnicas que, si bien no han demostrado su eficacia, sí han dejado claro su poder expansivo, porque las encontramos hasta en la sopa. Ahí empezaremos a separar el agua del aceite… de serpiente.

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3 pensamientos en “Coaching Racional: ¿Qué es el coaching?

  1. Ignoro con qué intención escribió esa frase el Sr Coelho, ni si pretendía ser algo más que una metáfora. El problema es que como literatura está muy bien, pero conozco gente que se cree estas cosas. Vemos a un tipo de la Edad Media arrancando dientes a los muertos para usarlos en sus pociones y pensamos que es un bárbaro y un crédulo. Pero este tipo de mantras son la nueva magia, otro intento de mantener la ilusión de que tienes algún tipo de control sobre la casualidad.
    Y tiene su público ¿eh?

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