Dos nuevas formaciones en Madrid con iiR España

Este mes de febrero imparto dos cursos en colaboración con iiR España.

– 25 y 26 de febrero de 2014: Nuevas Técnicas de Productividad y Autogestión Ejecutiva (15 h), en colaboración con ICADE Business School de la Universidad Pontificia Comillas.

Durante dos jornadas, trabajaremos la Productividad Personal desde una perspectiva integral, teniendo como estrategia central GTD pero apoyándonos en otras técnicas como Autofocus, Unscheduling, 5S, etc y software como Evernote o Hightrack.

Además, abordaremos la problemática de la procrastinación (“dejar las cosas para después”) y cómo mejorar nuestra autogestión emocional para hacerle frente. Y, como la organización personal también consiste en saber decir “no” y coordinarnos de forma correcta con otras personas, perfeccionaremos nuestras habilidades de comunicación.

– 27 de febrero de 2014: Storytelling con Prezi.
Un seminario práctico de 8 horas para aprender a manejar Prezi desde cero y aprovechar al máximo sus posibilidades narrativas.

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Las dos caras del storytelling

Aparte de algunas interesantes publicaciones divulgativas acerca del efecto que escuchar una historia tiene sobre nuestros cerebros, encuentro que los libros y referencias más populares en Internet sobre storytelling se alinean con una de estas dos corrientes:

  1. “El storytelling es la nueva y definitiva herramienta para cautivar y seducir a la audiencia, motivarla para la acción y animarla a que adquiera un producto, vote a un candidato o cambie su ideología. Es la estrategia que te permitirá conectar emocionalmente con tu público y hará que tu mensaje destaque en el oleaje de ruido irrelevante en el que nos vemos sumidos en el siglo XXI.”
  2. “El storytelling es el nuevo instrumento de manipulación elegido por políticos y vendedores para comernos el coco y conseguir que adoptemos de forma emocional e impulsiva un determinado curso de acción, muchas veces a pesar de toda la información objetiva que racionalmente debería llevarnos a elegir, precisamente, la opción contraria.”

Homer Simpson, ángel y demonio en cada hombroEn lo que suelen coincidir ambas perspectivas es en que, tras aceptar la avidez milenaria del ser humano por las historias, consideran la seducción de las masas mediante el storytelling como una novedad surgida en los años ochenta. A partir de ahí, divergen y se dirigen, respectivamente, a describir paisajes de ensueño o catástrofe.

¿Novedad? ¿Cómo que NOVEDAD? ¿Dónde han estado metidos los expertos en el tema durante los últimos 4000 años?

Existen incontables ejemplos que la historia nos proporciona en los que el storytelling ha sido el recurso favorito para movilizar a las masas en una dirección concreta. Las religiones de todo el mundo han impuesto sus códigos morales basándose en historias antes que en reflexiones racionales. Los discursos patrióticos que idealizan la trayectoria de una nación y a su vez denigran la del enemigo han sido parte imprescindible de todo conflicto bélico, aunque ahora seamos más modelnos y lo llamemos “desinformación”. A un nivel más doméstico, los relatos colectivos que describen los estereotipos de género aceptables y de los que niñas y niños absorben las pautas clave en su proceso de socialización han sido esenciales, por ejemplo, para conseguir que en ciertas culturas (ejem) las mujeres se quedaran en casa cuidando de la prole mientras los varones salían a la calle a ganar el dinero que les proporcionara un status superior al de sus esposas (o a que los hicieran picadillo en batalla, según las circunstancias).

Lo que ha cambiado, probablemente, es la escala y la velocidad con la que un relato se difunde tras su creación (modernos medios de comunicación, globalización, blablabla…).Además, la atención que se le presta actualmente al storytelling es mayor que en el pasado. Dado que su origen reside en el carácter popular, oral e informal de los relatos folklóricos, tradicionalmente no se le ha dado mucha importancia a su estudio en los entornos donde se partía el bacalao. Ahora, sin embargo, las empresas y la política son más conscientes de la importancia de manejar el storytelling de forma técnicamente precisa, y demandan teorías y recursos que les permitan un uso certero que llegue más lejos que la habitual anécdota inspirada del momento.

Esto es como para preocuparse, claro. Ojalá todas nuestras experiencias con la política y el marketing estuvieran marcadas por la transparencia y por su honesto deseo de proporcionarnos argumentos racionales para que tomemos nuestras decisiones de forma meditada y consciente, pero no es así. En más ocasiones de las que nos gusta reconocer, somos seducidos por proclamas y eslóganes que apelan a nuestras emociones y nos seducen para que compremos, votemos o creamos algo que no es, en realidad, satisfactorio. Pensar que esos mismos vendedores de aceite ungüento de serpiente (gracias a Marco Antonio por la corrección, efectivamente esta traducción parece más apropiada) disponen ahora de una versión más refinada e impactante de la misma charlatanería produce escalofríos (y si no los tienes aún, no hay como leer Storytelling: la máquina de fabricar historias y formatear las mentes de Christian Salmon para que empiecen los temblores).

Por otra parte, son incontables los usos benéficos que tiene la aplicación del storytelling en la comunicación actual. En un entorno donde los datos nos saturan, los relatos nos ayudan a hacer inteligible una realidad a menudo confusa, a comprometernos con las circunstancias de otros seres humanos por lejos que estén, a aprender nuevas técnicas y habilidades de forma sencilla y funcional…

Qué complicado ¿verdad? Tal vez quienes leéis ahora esto esperabais que una storyteller profesional se alineara con quienes predican las virtudes del relato, ignorando los riesgos del mal uso. O puede que, incluso, experimentarais cierto alivio si os encontrarais ante una arrepentida que denuncia “la perversión generalizada del storytelling, que solo sirve a causas y propósitos infames” (como el mencionado Salmon).  

Ya he hablado antes de lo mucho que nos molesta la incertidumbre a los seres humanos, y como preferimos las confortables descripciones maniqueas. Pero aquí no cabe tal cosa, porque el storytelling, como los aviones, la imprenta o la terapia génica, solo es un instrumento sin calidad moral en sí mismo, y puede ser bien o mal utilizado. Tan absurdo es, por tanto, demonizar el storytelling como elevarlo a los altares de la comunicación.

Lo que sí es necesario es explicitar y desarrollar una ética del storytelling, un código de buenas prácticas que nos permita discernir, más allá de nuestros intereses personales del momento, si se obra correcta o incorrectamente al utilizarlo.

Y, sobre todo, es importante difundir entre el público general en qué consiste, cuáles son sus recursos, los procesos psicológicos en los que se basa, sus maravillas y sus posibles perversiones. Igual que la alfabetización guarda al iletrado de los abusos de los poderosos, entender el storytelling nos protege de que nos tomen el pelo con una historia.

Historias para los más pequeños

Como son ya varios los padres y madres que comparten conmigo sus dudas acerca de cuáles son los cuentos más adecuados para cada edad, cómo elegirlos y cómo contarlos, aprovecho la ocasión y me explayo un poco sobre el tema con unas cuantas recomendaciones.

  • Honra la importancia de los cuentos

Los cuentos no solo son necesarios, sino que resultan imprescindibles. Todas las personas nos relacionamos con el mundo en buena medida a través del relato, que nos ayuda a darle sentido a lo que sucede a nuestro alrededor y que nos proporciona modelos, estrategias e ideas nuevas. Pero las personas adultas contamos con otros recursos (ensayos sobre psicología, manuales, cursos, asesoramiento…) mientras que para los más pequeños, el relato es a menudo su único medio, el único para el que están preparados.

  • Ponte en el lugar de tus hijos

Tú eres una persona adulta que ya ha superado muchos retos y situaciones complicadas. Conoces el medio en que te desenvuelves, sabes qué esperar en muchas situaciones. Tu cerebro, además, está plenamente desarrollado y es capaz de llevar a cabo abstracciones, comprender normas complejas, entender que un presente inquietante o desolador no tiene por qué ser eterno, y que los días tristes pasan para dejar paso a otros más alegres.

Tu hijo no lo sabe. Todo es nuevo, y cada día se enfrenta a decenas de escenarios complejos. Desde abrir un grifo a subir una cremallera (y más adelante resolver divisiones o comportarse adecuadamente en la mesa) cada pequeña tarea requiere aprendizaje y concentración, y la mayoría de las veces necesita muchos ensayos hasta que consigue hacerlo bien, de modo que vive en un entorno de permanente frustración e inseguridad. Tiene la acertada percepción de que dispone de muy poco control sobre el mundo que le rodea, que sin sus padres u otros adultos alrededor está perdido, que necesita ayuda para todo.
La percepción del tiempo también es muy distinta. Recuerdo perfectamente como yo, con 8 años, tenía la absoluta seguridad de que las canciones de José Luis Perales duraban media hora, y mi asombro el día en que tuve en mis manos uno de sus discos en una tienda y comprobé que no pasaban de los 4 minutos… exactamente igual que las de Elvis. Pero aquellos escasos minutos de intenso aburrimiento se me hacían eternos (ya os imaginaréis que el señor Perales no me contaba entre sus fans).
Cuando le pedimos a una niña pequeña que atraviese una situación molesta o aburrida, le estamos pidiendo un cheque en blanco. Para ella, el presente es todo. No es capaz de imaginar, como nosotros, que este malestar es llevadero y que en una o dos horas lo habrá superado con éxito. A medida que crece, poco a poco va asimilando los elementos intelectuales asociados, pero le sigue faltando la confianza en sí misma que solo da experimentar unos cuantos éxitos en estos embrollos.

Los niños y las niñas pequeñas se enfrentan cada día a incertidumbres y frustraciones a raudales, y son capaces de no abatirse permanentemente. También a momentos de increíble euforia y éxito , y consiguen no dormirse en los laureles y seguir abriéndose paso. Vamos, que les toca bregar con una versión de la vida cargada de estrés, muy parecida a una constante montaña rusa.

Y consiguen arreglárselas bastante bien gracias a una enorme voluntad de supervivencia, al afecto de su familia (en la que sienten que pueden confiar) y también gracias a todas las historias que les transmiten, de forma comprensible para ellos, que uno no siempre puede fiarse de las casitas de chocolate, pero que los problemas se superan.

Para entender a tus hijos y saber qué necesitan, haz este ejercicio de vez en cuando: olvida tus expectativas sobre ellos y trata de averiguar qué sienten, qué piensan, cómo es el mundo para ellos partiendo de cero. Es el primer paso de toda buena comunicadora: colócate en el lugar de tu audiencia.

  • Escoge relatos que tengan que ver con sus conflictos

Para ti, salvo que padezcas alguna enfermedad grave, contener tus esfínteres es trivial. Perderte en un supermercado solo es una molestia pasajera, hasta que consigues encontrar el maldito pasillo de las galletas y te reorientas. Una breve discusión con tu madre es solo parte de ese simpático ritual de tira y afloja de tus relaciones familiares, que sabes que se saldará en la comida del domingo en cuanto aparezcas con un litro de helado de su sabor favorito.

Tu hijo de 2 años no sabe usar bien el orinal, y a los 3 aún se le escapa el pis por las noches. A veces, le tocará escuchar que es un cochino (esperemos que no, pero siempre hay un bocazas cerca cuando menos se necesita) y que ya es mayor para el pañal. Soltarse de la mano de papá en el supermercado es aterrador, no sabe a dónde ir ni qué hacer. Una discusión con mamá duele tanto como una ruptura definitiva.

Puedes interesar a un niño, desde muy pequeño, en el medio ambiente, los problemas sociales y la poesía. Pero, siendo realistas, eso solo va a constituir una parte muy pequeña de sus intereses. Lo que realmente necesita son historias que hablen de sus propios conflictos esenciales: el miedo al abandono, los enfados, hacerse pis por las noches, atarse los zapatos. Para ti serán tonterías pero, oye, desde la perspectiva de tu hija de 3 años, tu obsesión con entrar en una talla 38, que no te salgan arrugas o comprarte un coche que corra más es una chorrada como la copa de un pino. Y, si lo piensas un poco, igual hasta descubres que tiene razón.

Ahora, intenta analizar los cuentos infantiles que conoces en términos de “conflictos de tu audiencia“. Hansel y Gretel no es el relato de unos padres egoístas y despreocupados y una bruja horrible: es la historia de unos hermanos que, a pesar de que los adultos de su entorno son irresponsables o malvados, consiguen superar una situación de abandono y regresar a casa sanos y salvos.
En “El gallo Kiriko”, el conflicto es más sencillo todavía: un gallo pide algo y le dicen que no, sucesivas veces. Se parece bastante a la realidad cotidiana de una persona de 2 años.

Mira bajo ese prisma los cuentos que le gustan a tus hijos, y entenderás mejor qué les preocupa.

  • Olvida los algodones

La vida da miedo. Cuando eres pequeño, da más miedo aún, porque comprendes mucho menos. Los cuentos pueden ayudar a superar el miedo, transmiten confianza en el futuro y nos hacen sentir que conocemos estrategias para enfrentarnos a los peligros.

Por eso, en los relatos tradicionales abundan los lobos, ogros, brujas y villanos. Representan un reto que hay que superar, le dan forma a infinidad de temores que nos asaltan, y son derrotados.
Si, con la ingenua intención de ahorrarle disgustos a tus hijos, te limitas a cuentos estilo “La botita feliz”, “El cumpleaños en que todos los niños recibieron regalos” o “Los deberes que se hacían solos”, estás cometiendo dos errores.

El primero es privar a tus hijos de la oportunidad de experimentar el conflicto y el miedo que producen los antagonistas. Esa experiencia en tercera persona nos prepara para asimilar mejor la situación cuando algo nos suceda a nosotros que nos haga sentir así. Una niña que ha escuchado varias veces Hansel y Gretel se perderá en el supermercado, pero tal vez se asuste un poco menos cuando piense en los dos hermanitos que se las arreglaron solos de manera bastante efectiva, y su ansiedad será un poco menor mientras espera a que sus padres la encuentren.

El segundo error es que les estás privando de una experiencia literaria muy interesante. Caray, por muy mono que sea el cuento de “La botita feliz”, hasta un crío pequeño se aburre si nunca hay cuentos con un poco de marcha.

  • Pasa de las moralejas

Una historia que merezca la pena lleva sus enseñanzas implícitas, y a menudo más de una. Huye como alma que lleva el diablo de los cuentos con moraleja, que más bien suele ser moralina que además desvirtúa el sentido más profundo de la historia.

Terminar Caperucita Roja con “y la moraleja de este cuento es que no se debe hablar con desconocidos” es como reducir Romeo y Julieta a “la moraleja de esta obra es que no se debe ingerir veneno”. Un insulto a la inteligencia.

  • Ojito con las ilustraciones

“Es que a mi hijo le da miedo el lobo, por eso no le cuento Loa Tres Cerditos”. 

¿Tú estás seguro de que le da miedo el lobo? ¿Seguro que lo que le asusta no es EL DIBUJO DEL LOBO?

Caramba, que hay lobos en las ilustraciones que me dan miedo hasta a mí. Si hablamos de las películas, ni te cuento.

A ver si nos entendemos: Los Tres Cerditos es un cuento perfectamente adecuado para niñas y niños de 3 años o incluso más pequeños. Pero eso no quiere decir que este dibujo lo sea…

El Lobo Feroz

Míralo bien. Y olvida por un momento toda tu inmunización previa gracias a varias décadas de exposición a Tex Avery y similares. Es una boca llena de dientes afilados con un hacha en la mano, por favor. ¿Cómo quieres que esto no dé miedo? Huelga decir que he sido buena y no me he decantado por la ilustración más atroz que he podido encontrar, sino por esta tan clásica.

Cuando le cuentas un cuento de viva voz a un grupo de niños, cada uno imagina los personajes a su modo. E incluyen exactamente la cantidad de elementos inquietantes que  pueden manejar. Si han sido expuestos anteriormente a dibujos animados, series, ilustraciones, etc. probablemente incorporen algunos elementos a su imaginario mental y los empleen para construir sus recreaciones.

A veces, incluso sus propias imágenes mentales les harán sentir temor. Lo que debemos vigilar es que sea un temor al que puedan enfrentarse y superarlo. La mejor forma de saber si es el caso es comprobar si vuelven a pedir ese cuento. Si lo hacen, aunque les asuste, es porque necesitan esa historia, y están aprendiendo a confrontar el miedo.

Esto no es un alegato contra los libros. Los libros ilustrados son una buena idea para iniciar a los pequeños en la lectura, claro que sí. Mi bebé no tenía ni un año cuando le compré sus primeros libros con dibujos. Pero es fundamental asegurarnos de que esos dibujos les gustan a nuestros niños. Y es tan sencillo como preguntarles “¿te gustan estos dibujos?”. Si la respuesta es “no” o simplemente arruga el morro al pasar alguna página, se guarda el cuento en un cajón, por mucha ilusión que pusiera la tía Enriqueta en regalárselo. Ya lo sacaremos de ahí en unos meses.

  • No seas vago y usa el cerebro

Agarrar el primer libro que asoma de la estantería, cuando llevas 14 horas de dura jornada encima y estás loca por meter al niño en la cama es tentador. No lo hagas.

No leas como un autómata. A veces, el texto está redactado de forma que no significa mucho para un niño de la edad de tu hija. Otras veces, simplemente, el texto es un asco, pero las ilustraciones están bien… Pues no leas, hombre, improvisa la narración apoyándote en los dibujos.

Y, mejor aún, deja el libro de lado de vez en cuando y cuéntale la historia según sale de tu cabeza. Que hablamos de Los Tres Cerditos, no es Guerra y Paz, puedes con ello. Haz un esfuerzo y seguro que te acuerdas de cómo iba.

Así, le das la oportunidad a tu hijo de crear sus propias imágenes mentales que, como hemos dicho, están mejor ajustadas a lo que necesita que las que encontrarás en cualquier libro. Estimularás su concentración, su creatividad y su capacidad para imaginar.

Si no te ves en el papel de narradora o narrador… Pues es que no te has mirado bastante. No hace falta que seas perfecto; cuenta tu historia, diviértete, deja que te interrumpa para preguntar cosas, pregúntale a tu peque qué cree que va a pasar ahora o de qué color piensa que era el tejado de la casa del cerdito mayor.

Tienes delante de ti al mejor público del mundo, aprovecha la ocasión.

¿Por qué todo tiene que ser blanco o negro?

Cuando los seres humanos de 5 años piden un cuento, no quieren que los personajes tengan matices psicológicos. Quieren buenos y malos, definidos con nitidez y sin ambigüedades. Quieren que a Mamá Cabra sea guapa, lista y bondadosa (como su propia mamá), que los cabritillos sean inocentes, como mucho algo traviesos… pero buenos al fin y al cabo. Para poder empatizar a gusto, identificarse plenamente y alegrarse con su triunfo. Sin complicaciones.

Igualmente, el Lobo tiene que ser malo. No un honesto depredador, necesario para mantener el equilibrio ecológico cabra-bosque, que solo satisface su justificada necesidad de conseguir alimento. No, es malvado y quiere comerse a los cabritillos por un hambre derivada de su pura maldad. Así, podremos alegrarnos cuando caiga al agua con la tripa llena de piedras y se ahogue, sin sentir el menor rastro de compasión.

Cualquier narradora conoce esta verdad universal: cuanto menor es la edad de tu audiencia, mayor es su incomodidad con los matices. La infancia es maniquea por naturaleza, y así debe ser. Ser pequeño es difícil, y por lo tanto en la infancia se simplifica la realidad con el objetivo de aprender a desenvolverse mejor en ella. Igual que las videoconsolas, la narrativa para los niños y las niñas más jóvenes solo tiene tres o cuatro botones que pulsar. Y bastan para componer historias de extraordinaria belleza.

A medida que cumplimos años, aprendemos a soportar, incluso apreciar, los matices en la creación de personajes. Scarlett O’Hara es ambiciosa, caprichosa y egocéntrica, pero también es valiente, inagotable y generosa, a su modo. Darth Vader, atrapado en el lado oscuro de la Fuerza, hizo su elección tras una serie de desdichas personales que le pusieron de un mal yogur bastante comprensible. Entre la Reina Alien y Ripley, deseamos que gane Ripley (Go, girl!) pero… en fin, el bicho hace lo que tiene que hacer por su especie, ¿no?

Sin embargo, esta indefinición introduce un elemento muy desagradable para la audiencia: la incertidumbre.

Los humanos detestamos la incertidumbre. Y, por el contrario, adoramos la certeza y los axiomas. En cuanto nos descuidamos, convertimos simples prejuicios basados en una pobre evidencia en verdades absolutas.

Los pisos siempre suben.

Los alemanes son eficientes pero aburridos.

Las mujeres son más cuidadosas y los hombres más manazas.

Repetir estos lugares comunes nos evita tener que considerar cada piso, alemán o mujer u hombre por separado, y es posible que incluso nos ahorre el quebradero de cabeza de decidir cómo actuar ante su existencia, o de qué forma valorar su comportamiento. Si el precio del piso baja “es temporal, ya subirá“. Si sube, “es lo normal, ya lo decía yo“. Así, hasta que llega la gran castaña, claro.
Pero en otros muchos casos no llegará nunca, y aunque perdamos oportunidades de hacer las cosas mejor, es posible que nunca lleguemos a ser conscientes de ello.

Gestionar la incertidumbre es importante para el éxito personal (eso que llamamos felicidad) y profesional (eso que llamamos felicidad, también). Pero es difícil, y empleamos una enorme cantidad de recursos para evitar hacerlo. 

Aunque nos veamos a nosotras mismas como personas adultas y maduras, no hemos superado totalmente esa época en la que protestábamos si no quedaba claro desde los primeros cinco minutos del cuento a quién amar y a quién odiar sin reservas. Entender esta resistencia a lo desconocido es fundamental para comprender cómo se compone el relato de la realidad que nos contamos a nosotros mismos.

( …Y el tema es tan amplio que va a dar lugar a unas cuantas entradas. Que llegarán cuando mi ajetreada agenda lo permita. La buena noticia es que cada vez lo permite un poco mejor.)

Prezi: Economía de la Atención

Para introducir el concepto de Economía de la Atención en el Seminario Práctico de Storytelling con Prezi en iiR preparé esta presentación, que ilustra no solo el tema en sí, sino las múltiples posibilidades que ofrece Prezi como herramienta narrativa. Valga como aperitivo de posteriores entradas sobre Prezy y Storytelling.

El seminario ha tenido tanto éxito que estoy preparando una nueva edición abierta para octubre en iiR. Seguiremos informando.

Cuidado con Oscar Pulitzer

Las novelas clásicas, junto a los cuentos tradicionales o pseudo-populares (con formato y semántica parecida a la del relato tradicional pero de autoría moderna, como muchos de Andersen o Jorge Bucay) son la referencia típica cuando se piensa en historias “educativas”. De alguna manera, la mitología colectiva moderna que suponen las películas, series de televisión, canciones de rock o tiras cómicas se suele relegar a un segundo plano, algo que está bien para introducir un taller o una dinámica cuando se requiere un material ligerito que no requiera pensar mucho. En mi opinión, sin embargo, pueden tener un tremendo peso específico.

Yo llevo 20 años dándole vueltas a un episodio de Doctor en Alaska (Northern Exposure), y aún seguiré unos cuantos más. Si solo tuviera 50 minutos para ayudar a una persona a ser más feliz, es muy probable que la sentara delante de un monitor y apretara el botón de play, y yo me quedaría a su lado, porque no está de más refrescar los axiomas.

Doctor en Alaska nunca fue una producción que consiguiera audiencias masivas, sino más bien una serie de culto con un grupo de fans fieles y constantes que siguen compartiendo su imaginario común años después de que se cancelara. Esta lealtad es completamente merecida: en los momentos más flojos, DeA era una serie simpática. En los mejores, se puede afirmar que sus guionistas estaban en estado de gloria.

El episodio del que voy a hablar pertenece a la quinta temporada y segunda categoría. Para quienes no sepan de qué va la serie, voy a resumir brevemente los elementos clave. Todo DeA gira en torno a los personajes de un peculiar pueblo de Alaska, Cicely, que desde su fundación se ha caracterizado por ser un lugar donde se vive y se deja vivir. Como consecuencia, allí se reúnen los personajes más dispares: un médico neoyorkino que se ve arrastrado allí por sus deudas universitarias, un ex-astronauta millonario de ideología conservadora, una piloto de avionetas con mala suerte con los hombres, un ex-presidiario que descubrió la filosofía y la poesía en la cárcel y ahora es el perenne locutor de la radio local, un huérfano mestizo que ha sido criado por toda la comunidad india y que se encuentra dividido entre su vocación de cineasta adolescente y sus recién descubiertas dotes como chamán. Este último, Ed Chigliak, es, si no el protagonista de esta historia, sí el hilo conductor de la misma.

Ed Chigliak

El título del episodio (Grand Prix) hace referencia a la carrera de sillas de ruedas que se celebra en Cicely, a la que asisten deportistas profesionales de todos los Estados Unidos. Una de las corredoras, una mujer con un largo historial de medallas y entrenamientos extenuantes, decide acudir a Ed para que cure sus dolores de codo, ya que los tratamientos del médico no están siendo eficaces y ella está dispuesta a todo con tal de ganar la competición.

Ed, gracias a su contacto con el mundo espiritual, puede hablar de tú a tú con su propio demonio personal, Baja Autoestima. Este, que adopta la forma de un hombrecillo verde, se dedica a perseguir al apocado Ed en cada una de sus visitas con frases del tipo “esa cazadora te sienta fatal”, “seguro que no podrás hacerlo” o “no estás preparado”. Pero también le proporciona algunas indicaciones sobre el mundo de los espíritus, y en este caso explica a Ed que los problemas del codo de la atleta provienen de su propio demonio personal, Valoración Externa.
Ed, entonces, decide ir a combatir contra él, para así liberar a su paciente. Baja Autoestima, el hombrecillo verde, le avisa de que no lo conseguirá.

Green Man: Ed, you’re dealing with the demon of external validation. You can’t beat external validation. You want to know why? Because it feels sooo good.

(Hombre Verde: Ed, estás tratando con el demonio de la valoración externa. No puedes vencer la valoración externa. ¿Quieres saber por qué? Porque te hace sentir taaaan bien…)

Aún así, Ed decide intentarlo, y entonces podemos ver la maravillosa representación del mundo de los demonios personales a la que Baja Autoestima conduce al joven aprendiz de chamán: un parque de caravanas que alojan a los distintos demonios y en el que destaca la vivienda de Valoración Externa, cuyo nombre es… Oscar Pulitzer. Su caravana no solo está revestida de luces brillantes, sino que ostenta un deportivo aparcado en la puerta. Oscar le regala a Ed una camiseta del Hard Rock Café antes de aceptar combatir con él.

La lucha, que recuerda al pasaje bíblico de Jacob y el ángel, dura toda la noche. Efectivamente, Valoración Externa es demasiado fuerte para Ed, quien es derrotado.

Al día siguiente, visita a su paciente y se disculpa:

-“Intenté vencerle, pero es demasiado fuerte para mí. Tendrás que derrotarle tú”.

Para ello, la atleta tendrá que aprender a correr para ella misma, para ser mejor cada vez, no para recibir trofeos o la admiración de otros. Nada fácil.

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A todos nos gusta recibir el beneplácito, la admiración, las alabanzas y, sobre todo, la atención de quienes nos rodean. El problema es cuando te configuras a ti misma en función de lo que otros quieren ver. Es una trampa peligrosa, en la que tu propia identidad se disuelve y queda a expensas de la marea de la opinión ajena.

No solo tus objetivos, aspecto, puesta en escena y actividades se van a ver forzadas a adaptarse a lo que desea ver tu grupo de referencia. Es que además el miedo a desagradar o a pasar desapercibida terminará por infiltrarse y se convertirá en uno de los motores de tus acciones.

Por sí mismo, Oscar Pulitzer es peligroso, y fuerte. Lo es todavía más en un entorno proclive al escaparate como el de las redes sociales, donde ya tiene cazados a unos cuantos, y la tentación de photoshopearnos a nosotros mismos para “estar a nivel” puede no detenerse en la foto de perfil. 

Valoración Externa es también astuto. Merece la pena no confiarse, examinar nuestras acciones y reflexionar sobre el porqué de cada una,  para comprobar si nos ha abducido hacia su caravana de luces brillantes. No solo por la defensa de nuestra libertad personal y del control sobre nuestra propia vida sino porque, por si fuera poco, allí siempre encontraremos a Baja Autoestima esperándonos con un gin tonic en su verde mano.

Disclaimer: Como buena narradora oral, esto no es una transcripción fiel del episodio sino de mi recuerdo sobre él. Obviamente, todo lo anterior es lenguaje metafórico. No existen los demonios, es una forma de hablar. Para las lesiones de codo, acuda a una buena profesional de la traumatología (o de la psicología, si se diera el caso) y deje a los chamanes para las historias de ficción. Y sepa que no hay nada de malo en tomarse un gin tonic siempre que uno se lo beba porque le gusta, no porque sea fashion.

The Advertising Landscape in 2015

+++ Durante su charla en el congreso The Future of Advertising (Madrid, 12 de abril de 2011), Javier G. Recuenco se apoyó en esta presentación que elaboramos juntos:

Como suele suceder, el proceso de elaboración incluye una serie de diálogos entre ambos que se pueden resumir así:

[Javier]: “Se me ha ocurrido que podríamos añadir…”

[Diana]: “Se me ha ocurrido que podríamos quitar…”

Javier siempre tiene mucho que contar, y muy poco tiempo para hacerlo. El mensaje que quiere transmitir presenta una triple dimensión: la justificación de por qué los modelos tradicionales de marketing y publicidad están obsoletos, la descripción de las ventajas fundamentales de una segmentación adecuada y los aspectos más técnicos de la implementación de la Personotecnia en la práctica.

Explicar todo esto en un tiempo que oscila entre 40  y 60 minutos es muy complejo, aunque sea de forma superficial. Sin embargo, somos conscientes de que renunciar a una de esas tres dimensiones limita mucho nuestras posibilidades de que el mensaje sea realmente comprensible.

Prestamos mucha atención a las preguntas que los y las asistentes a las diferentes ponencias y masterclasses realizan tras la presentación, porque nos indican lo eficaces (o ineficaces)  que estamos siendo al comunicarnos. Todas las interacciones son útiles, pero algunas son clave.

En concreto, una de las asistentes a la Masterclass del ICEMD de febrero de este año preguntó sobre el modo en que se lleva a la práctica la Personotecnia… Y el problema subyacente al que nos referíamos  se manifestó de forma inconfundible.


¿Cómo proporcionar una adecuada respuesta que no presuponga conocimientos específicos previos acerca de las cuestiones técnicas, y cómo hacerlo en 5 minutos?

Cuando insistimos en que la Personotecnia es un conjunto de técnicas, ciencia y habilidades complejas no lo decimos por decir, es la realidad. Imposible explicar en 5 minutos algo cuya publicación en formato libro supera ya las 1400 páginas… Y por otra parte, qué desalentador no poder dar una respuesta concreta, y ser consciente de que eso le resta credibilidad al mensaje.

Porque, como decía Arthur C. Clarke

“Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”.

Si no explicas el truco de forma que se entienda, corres el peligro de ser visto como un vendedor de humo. Así que, aunque sea difícil, es necesario hacerlo.

Aprendimos la lección, y encontramos una solución intermedia. Tal vez el tiempo de una ponencia siga siendo insuficiente. Pero ahora disponemos de un material complementario que, o bien puede acompañar la respuesta a ese tipo de preguntas (si el reloj nos deja), o bien puede al menos ser una referencia concreta que facilite continuar el diálogo una vez que el congreso se termina.

Como veréis, repite parte de los contenidos de la presentación anterior, pero incluye una segunda parte en la que se adentra en los aspectos técnicos. (Si queréis saltaros la parte que ya conocéis, id directamente a la slide 45).

No, no profundiza mucho (1400 páginas ¿recordáis?), pero creo que permite a los no iniciados tener una visión un poco más cercana de las entrañas de la máquina.

Para terminar, el vídeo de la charla, cortesía como siempre de Javier Piedrahita (Marketingdirecto.com).

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