Prezi: Economía de la Atención

Para introducir el concepto de Economía de la Atención en el Seminario Práctico de Storytelling con Prezi en iiR preparé esta presentación, que ilustra no solo el tema en sí, sino las múltiples posibilidades que ofrece Prezi como herramienta narrativa. Valga como aperitivo de posteriores entradas sobre Prezy y Storytelling.

El seminario ha tenido tanto éxito que estoy preparando una nueva edición abierta para octubre en iiR. Seguiremos informando.

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Cuidado con Oscar Pulitzer

Las novelas clásicas, junto a los cuentos tradicionales o pseudo-populares (con formato y semántica parecida a la del relato tradicional pero de autoría moderna, como muchos de Andersen o Jorge Bucay) son la referencia típica cuando se piensa en historias “educativas”. De alguna manera, la mitología colectiva moderna que suponen las películas, series de televisión, canciones de rock o tiras cómicas se suele relegar a un segundo plano, algo que está bien para introducir un taller o una dinámica cuando se requiere un material ligerito que no requiera pensar mucho. En mi opinión, sin embargo, pueden tener un tremendo peso específico.

Yo llevo 20 años dándole vueltas a un episodio de Doctor en Alaska (Northern Exposure), y aún seguiré unos cuantos más. Si solo tuviera 50 minutos para ayudar a una persona a ser más feliz, es muy probable que la sentara delante de un monitor y apretara el botón de play, y yo me quedaría a su lado, porque no está de más refrescar los axiomas.

Doctor en Alaska nunca fue una producción que consiguiera audiencias masivas, sino más bien una serie de culto con un grupo de fans fieles y constantes que siguen compartiendo su imaginario común años después de que se cancelara. Esta lealtad es completamente merecida: en los momentos más flojos, DeA era una serie simpática. En los mejores, se puede afirmar que sus guionistas estaban en estado de gloria.

El episodio del que voy a hablar pertenece a la quinta temporada y segunda categoría. Para quienes no sepan de qué va la serie, voy a resumir brevemente los elementos clave. Todo DeA gira en torno a los personajes de un peculiar pueblo de Alaska, Cicely, que desde su fundación se ha caracterizado por ser un lugar donde se vive y se deja vivir. Como consecuencia, allí se reúnen los personajes más dispares: un médico neoyorkino que se ve arrastrado allí por sus deudas universitarias, un ex-astronauta millonario de ideología conservadora, una piloto de avionetas con mala suerte con los hombres, un ex-presidiario que descubrió la filosofía y la poesía en la cárcel y ahora es el perenne locutor de la radio local, un huérfano mestizo que ha sido criado por toda la comunidad india y que se encuentra dividido entre su vocación de cineasta adolescente y sus recién descubiertas dotes como chamán. Este último, Ed Chigliak, es, si no el protagonista de esta historia, sí el hilo conductor de la misma.

Ed Chigliak

El título del episodio (Grand Prix) hace referencia a la carrera de sillas de ruedas que se celebra en Cicely, a la que asisten deportistas profesionales de todos los Estados Unidos. Una de las corredoras, una mujer con un largo historial de medallas y entrenamientos extenuantes, decide acudir a Ed para que cure sus dolores de codo, ya que los tratamientos del médico no están siendo eficaces y ella está dispuesta a todo con tal de ganar la competición.

Ed, gracias a su contacto con el mundo espiritual, puede hablar de tú a tú con su propio demonio personal, Baja Autoestima. Este, que adopta la forma de un hombrecillo verde, se dedica a perseguir al apocado Ed en cada una de sus visitas con frases del tipo “esa cazadora te sienta fatal”, “seguro que no podrás hacerlo” o “no estás preparado”. Pero también le proporciona algunas indicaciones sobre el mundo de los espíritus, y en este caso explica a Ed que los problemas del codo de la atleta provienen de su propio demonio personal, Valoración Externa.
Ed, entonces, decide ir a combatir contra él, para así liberar a su paciente. Baja Autoestima, el hombrecillo verde, le avisa de que no lo conseguirá.

Green Man: Ed, you’re dealing with the demon of external validation. You can’t beat external validation. You want to know why? Because it feels sooo good.

(Hombre Verde: Ed, estás tratando con el demonio de la valoración externa. No puedes vencer la valoración externa. ¿Quieres saber por qué? Porque te hace sentir taaaan bien…)

Aún así, Ed decide intentarlo, y entonces podemos ver la maravillosa representación del mundo de los demonios personales a la que Baja Autoestima conduce al joven aprendiz de chamán: un parque de caravanas que alojan a los distintos demonios y en el que destaca la vivienda de Valoración Externa, cuyo nombre es… Oscar Pulitzer. Su caravana no solo está revestida de luces brillantes, sino que ostenta un deportivo aparcado en la puerta. Oscar le regala a Ed una camiseta del Hard Rock Café antes de aceptar combatir con él.

La lucha, que recuerda al pasaje bíblico de Jacob y el ángel, dura toda la noche. Efectivamente, Valoración Externa es demasiado fuerte para Ed, quien es derrotado.

Al día siguiente, visita a su paciente y se disculpa:

-“Intenté vencerle, pero es demasiado fuerte para mí. Tendrás que derrotarle tú”.

Para ello, la atleta tendrá que aprender a correr para ella misma, para ser mejor cada vez, no para recibir trofeos o la admiración de otros. Nada fácil.

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A todos nos gusta recibir el beneplácito, la admiración, las alabanzas y, sobre todo, la atención de quienes nos rodean. El problema es cuando te configuras a ti misma en función de lo que otros quieren ver. Es una trampa peligrosa, en la que tu propia identidad se disuelve y queda a expensas de la marea de la opinión ajena.

No solo tus objetivos, aspecto, puesta en escena y actividades se van a ver forzadas a adaptarse a lo que desea ver tu grupo de referencia. Es que además el miedo a desagradar o a pasar desapercibida terminará por infiltrarse y se convertirá en uno de los motores de tus acciones.

Por sí mismo, Oscar Pulitzer es peligroso, y fuerte. Lo es todavía más en un entorno proclive al escaparate como el de las redes sociales, donde ya tiene cazados a unos cuantos, y la tentación de photoshopearnos a nosotros mismos para “estar a nivel” puede no detenerse en la foto de perfil. 

Valoración Externa es también astuto. Merece la pena no confiarse, examinar nuestras acciones y reflexionar sobre el porqué de cada una,  para comprobar si nos ha abducido hacia su caravana de luces brillantes. No solo por la defensa de nuestra libertad personal y del control sobre nuestra propia vida sino porque, por si fuera poco, allí siempre encontraremos a Baja Autoestima esperándonos con un gin tonic en su verde mano.

Disclaimer: Como buena narradora oral, esto no es una transcripción fiel del episodio sino de mi recuerdo sobre él. Obviamente, todo lo anterior es lenguaje metafórico. No existen los demonios, es una forma de hablar. Para las lesiones de codo, acuda a una buena profesional de la traumatología (o de la psicología, si se diera el caso) y deje a los chamanes para las historias de ficción. Y sepa que no hay nada de malo en tomarse un gin tonic siempre que uno se lo beba porque le gusta, no porque sea fashion.

Segunda edición del Taller Laboratorio “¿ProcrastinaQUÉ?”

Ya tenemos fecha y lugar para la segunda edición del taller: será el sábado 23 de junio en las instalaciones del Centro IMF Formación, ubicado en el centro de Madrid y con excelentes comunicaciones por Metro, autobús y Cercanías Renfe.

El tema: la Procrastinación.

O, para ser más precisos, cómo evitar la procrastinación.

Me refiero a esa tendencia a dejar para mañana las tareas que sabemos que tendríamos que estar haciendo hoy, con las lamentables consecuencias sobre nuestra autoestima, serenidad y control de nuestra vida.

Para que la lista de tareas pendientes no se nos coma no basta con implementar un buen sistema de gestión de tareas. Ni GTD ni Autofocus  pueden evitar tu ansiedad al enfrentarte a ciertas tareas, ni tu sentimiento de culpa y sobrecarga al pensar en todo aquello que estás dejando de hacer. La procrastinación tiene su origen en nuestras estructuras mentales, nuestro modelos y referencias acerca de qué supone ser una persona organizada y productiva, nuestros hábitos de trabajo… Todo eso es lo que vamos a observar, deconstruir, y reconstruir de una forma mejor y más saludable.

La metodología: Taller Laboratorio

No hay técnica o recurso que sirva para todo, ni que pueda aplicarse por igual en todos los casos personales. Como formadora y coach, necesito ofrecer a las personas que asisten a mis sesiones o participan en mis cursos y talleres la mejor atención individualizada, y esto no es posible si no tengo experiencia con la mayor cantidad posible de casos particulares y distintos que me permitan ampliar la oferta de soluciones.

A la vez, siempre estoy diseñando nuevos materiales y técnicas pedagógicas que necesito probar. Por mucha preparación que dedique a una dinámica de aprendizaje, nunca termina de estar lista hasta que sale a escena unas cuantas veces. ¿Cómo conjugar el ofrecer a mis clientes un producto probado y sin grietas? Sometiéndolo antes a una prueba sobre el terreno. Para eso cuento con estos talleres-laboratorio.

En ellos, invito a particulares a tomar parte en formaciones experimentales a un precio reducido, en el que puedo aprender de sus experiencias personales y terminar de ajustar mis propuestas de enseñanza.

¿Cuál es el trato?

Tú, que participas en el taller, tienes la oportunidad de mejorar tu productividad personal con una inversión económica muy inferior a la habitual. Aportarás tus valiosas experiencias personales y tus ganas de mejorar y probar algo diferente. A cambio, recibirás ideas y recursos clave para procrastinar menos cada día.

Y no te asuste el concepto de “laboratorio”: si bien es cierto que probaré nuevos esquemas para mis sesiones, apenas notarás la diferencia respecto de un taller normal. Considéralo algo parecido a las carreras de prototipos de automóviles: ningún fabricante lleva un coche sujeto con cinta aislante, sino que cuida todos los detalles antes de que el vehículo toque el asfalto.

¿Cómo puedes participar?

Envíame un correo o deja un comentario con un mail de contacto si quieres inscribirte. No te lo pienses mucho, porque solo tenemos 10 plazas.
De todos modos, si crees que no vas a poder venir el 23 de junio o Madrid te queda lejos pero te interesa el tema, escríbeme igualmente y te haré llegar la información sobre próximas convocatorias presenciales o a distancia.

Los detalles los tienes en esta presentación. (Si no quieres dejarte la vista, haz clic en la esquina inferior derecha para ver la presentación a pantalla completa).

Coaching Racional: ¿Qué es el coaching?

Como adelantábamos en la entrada inicial de esta serie, definir el término coaching presenta varios problemas:

  1. No tiene un significado unívoco, más allá de la traducción directa del término anglosajón procedente del mundo deportivo (coach = entrenador, coaching = entrenamiento) y que resulta muy poco precisa.
  2. La palabra coaching está de moda, suena a novedad y aporta, desde cierto punto de vista bastante snob, el valor añadido de lo foráneo (“esto se hace en el extranjero, tiene que ser bueno”). ¡Curará su calvicie, su cirrosis y además pagará su hipoteca!Ese atractivo hace que personas que han venido ofreciendo todo tipo de prácticas/terapias orientadas a la mejora personal y profesional se apunten a ese suculento carro, por el sencillo sistema de añadir la palabra “coaching” a su lista de servicios. En el mejor de los casos, te vas a encontrar mucha asesoría tradicional vendida como coaching. Porque en el peor te pueden estar colocando Flores de Bach, cristales energéticos o cualquier otro aceite de serpiente milagroso.
  3. No hay una entidad de referencia (asociación, organismo…) clara y universal que ponga límites a lo que se puede considerar coaching y lo que no. Aunque hay prestigiosos intentos, no se mojan mucho ni son muy conocidos por los clientes potenciales del coaching, que son al fin y al cabo los que tendrán que discriminar entre buena y mala praxis a la hora de buscar profesional.

Tanta mezcolanza tiene también el lamentable efecto secundario de apartar del coaching a aquellas personas más racionales y sensatas que, sin conocerlo, huyen como alma que lleva el diablo en cuanto perciben el tufo a pseudociencia. Y es una lástima porque, como veréis, la base del asunto es bastante razonable.

El Coaching es un proceso que involucra a dos agentes, coach y coachee (cliente). El o la coachee tiene un deseo que quiere realizar, y ahí empieza todo.

A veces es un deseo muy concreto (“quiero perder 15 kilos antes de septiembre”), otras veces es más ambiguo (“me gustaría  estar menos estresada”), y en otras ocasiones es confuso (“no estoy a gusto en el trabajo, no sé si pedir un ascenso o buscar otro empleo completamente distinto”). A veces, el deseo que expresa un cliente ni siquiera es un deseo realmente suyo. Puede decir “quiero dejar de fumar” cuando en realidad no es un deseo propio, sino de su pareja. De modo que su deseo real es “quiero que mi pareja esté contenta conmigo”, que tiene consecuencias muy diferentes, especialmente de cara a la motivación.

El primer paso (y probablemente el más importante) es que el coachee transforme ese deseo difuso en un objetivo concreto, que sea medible y evaluable. Además, tiene que ser consciente de las repercusiones que alcanzar ese objetivo puede tener sobre su vida, y no todas tienen por qué ser buenas. Si deja de fumar, por ejemplo, hará a su pareja más feliz, pero le resultará difícil mantener su escapadita de las doce junto con los demás fumetas de la empresa.¿Realmente quiere renunciar a eso?

El factor esencial de la relación entre coach y coachee es este: es el coachee quien decide. La coach no va a empujarle en una u otra dirección. Un asesor (un médico, un entrenador deportivo) le dirá “olvida la reunión de nicotinómanos, al dejar el tabaco estás previniendo el cáncer y el enfisema, el mal aliento y el envejecimiento cutáneo, no seas tonto”.

Una coach pondrá todo su interés en que el coachee DECIDA POR SÍ MISMO que es lo que quiere. Aunque la coach sea una furibunda antitabaco, sus propio sistema de valores se lo deja en casa; ella solo acompaña, no dirige el proceso.

(Por supuesto, esto tiene un límite. A veces, el objetivo de un coachee puede ser tan opuesto a los valores del coach que la única respuesta honesta por parte de este será negarse a participar en el proceso y sugerirle al cliente que busque a otro profesional.)

En coaching, la idea fundamental es que quien más sabe sobre ti eres tú, y por tanto es el coachee quien tiene las mejores respuestas (y quien sabrá mejor qué nadie qué debe hacer para seguir con éxito la dieta que el nutricionista le ha proporcionado, por ejemplo). Una coach ayuda, sobre todo, a formular las preguntas.

Porque esa es la herramienta fundamental, la conversación y el diálogo. Preguntar al coachee, escuchar, conseguir que el coachee se escuche a sí mismo, preguntar otra vez. Hasta que el coachee encuentre sus propias soluciones.

El paso siguiente es establecer un Plan de Acción concreto, y hacer un seguimiento de su puesta en marcha en sucesivas sesiones, así como los reajustes y modificaciones necesarios. Para que los legos se hagan una idea, los procesos de coaching que yo he llevado a cabo han tenido una duración media de entre 2 y 8 sesiones, pero 6 es lo más normal. La duración de una sesión es de algo menos de una hora (aunque en mi caso, si el cliente tiene tiempo, no me importa alargarla con un poco de conversación informal y una taza de té). La frecuencia de las primeras sesiones es semanal, después quincenal, las últimas pueden espaciarse un mes o más.

No hay magia. No hay energías telúricas en juego. Un universo conspirador que alinea sus astros para nuestra felicidad y demás pamplinas poesías no son necesarios en absoluto.

Será al analizar las herramientas concretas empleadas para facilitar el diálogo y la comunicación entre coach y coachee (y el diálogo interior del coachee, igualmente importante) cuando veremos lo fácil que es dejarse llevar por atractivas técnicas que, si bien no han demostrado su eficacia, sí han dejado claro su poder expansivo, porque las encontramos hasta en la sopa. Ahí empezaremos a separar el agua del aceite… de serpiente.

Coaching racional (Introducción)

Esta es la primera entrega de una serie nada fácil de escribir, por varias razones que explicaré un poco más adelante. Adelanto que voy a manifestar una serie de opiniones que pueden molestar o incluso (espero de todo corazón que no sea así) ofender a amistades y colegas. Personas que sé que ejercen su profesión esforzándose sinceramente en ayudar a sus clientes y apoyándose en planteamientos en los que creen de corazón, algunos de los cuales comparto… pero no todos.

Voy a hablar de Coaching.

Concretamente, voy a hablar de Coaching Racional, denominación que debería poder aplicarse a toda oferta profesional del ramo, del mismo modo que siempre debiéramos recibir Formación Racional, Medicina Racional o Psicología Racional. La realidad, sin embargo, es otra.

Me dispongo a realizar una autocrítica de una disciplina que yo misma ejerzo y, por si fuera poca osadía, desde hace dos años escasos. Tras 20 años dedicada a la formación/educación, por un lado, y a la narración oral escénica por otro, me formé como coach y empecé a compatibilizar esta actividad con las otras dos. Tengo que decir que mi formación en Coaching me resultó extraordinariamente útil a nivel personal y profesional. De todo lo que me enseñaron, me convenció una parte y la integré a mi propio discurso y práctica, y con otra parte hice lo contrario . Exactamente igual que en la universidad. El balance, en resumen, es positivo y estoy contenta con mi elección.

Los clientes-coachees que han utilizado mis servicios también han completado sus procesos con bastante éxito y se han mostrado satisfechos, aunque lo cierto es que mis nuevas habilidades y conocimientos han encontrado aplicación especialmente en la formación.

Alerta magufo

Están por todas partes…
(Imagen de http://www.avefenix.es/alerta-magufos/)

El problema es que, cuando echo un vistazo a mi alrededor, veo que mucho de lo que se engloba bajo el paraguas de “Coaching” no resiste un análisis racional. Y bajo ese paraguas se puede colar lo que a cada uno le dé la gana, porque es una disciplina nueva y sin referentes académicos. Las asociaciones profesionales están intentando introducir un poco de orden en esta merienda de duendes, pero me temo que sus esfuerzos no son suficientes; en parte por su incapacidad legal para obligar a nadie que se denomine coach a pasar por un proceso de homologación (el proceso existe, pero es voluntario) y en parte porque sus objetivos inmediatos parecen ir en la línea de regularizar el sector más que en la de exigir de sus miembros una aproximación más científica. (No pertenezco a ninguna asociación ni he hablado de este tema con ningún miembro de su junta directiva, esto es solo una impresión personal y estaré encantada de que me demuestren mi error).

En defensa del Coaching, hay que observar que una profesión tan respetada como la Medicina tiene problemas parecidos. La Homeopatía es practicada no solo por advenedizos, sino sobre todo por personal con titulación universitaria, y los colegios de médicos no solo NO se oponen a esa práctica por acientífica sino que reclaman que sean únicamente personas licenciadas en Medicina quienes la practiquen. En la farmacia de mi barrio (uno de esos negocios que solo puede abrir un profesional titulado), la farmacéutica se obstina en ofrecerme homeopatía como alternativa a cada medicamento que le pido, incluso después de que el Ministerio de Sanidad publicara que la Homeopatía no tiene más efecto que el placebo. En todas partes cuecen habas.

La diferencia es que, mientras que entre las y los profesionales sanitarios hay voces que denuncian esta mala praxis y abogan por una racionalización de la atención sanitaria, no he escuchado jamás una crítica pública al Coaching Irracional que proceda de un/a coach.  Espero que se deba a mi propia falta de habilidad a la hora de seleccionar lecturas pero también es cierto que relacionadas con el término coaching encuentro muchas más referencias a energías místicas y buenrollismo New Age que a organización, esfuerzo personal y responsabilidad hacia las propias metas. Afortunadamente, las páginas más destacadas suelen ofrecer una propuesta mucho más seria y cercana a lo que yo entiendo que debe ser el Coaching Racional, pero sigue faltando espíritu crítico.

Como persona con formación técnica y científica, enemiga de la charlatanería y admiradora de quienes se enfrentan a ella, cada vez sufro más cuando alguien me pregunta a qué me dedico. Soy cada vez más consciente de que la palabra “coaching” desata toda una serie de referencias magufas en la mente de mi interlocutor con las que no quiero verme asociada, ni personal ni profesionalmente.

Pero es que, además, esta desgraciada asociación genera tanto recelo que muchas personas nunca llegan a conocer los aspectos más positivos del coaching, ni por qué recurrir a los servicios de un coach puede ser un excelente apoyo profesional o personal.

Lo más sencillo sería cambiar la denominación de mi actividad pero…

… qué diablos. No voy a rendirme sin presentar batalla. Así que voy a dedicar unas cuantas entradas de este blog a explicar por qué el coaching puede ser una metodología racional y tan fundamentada en principios realistas, sensatos y/o científicos como se quiera, así como a desligarlo de otras filosofías, terapias, etc. carentes de base. Que la Fuerza me acompañe.

Intermedio

Y sin avisar, además. El blog ha estado parado durante más de seis meses, algo supuestamente imperdonable en una publicación profesional. Comprendiendo las razones por las que los expertos en medios web se llevarían las manos a la cabeza ante semejante abandono, yo me he perdonado esta ausencia sin mayores problemas.

¿La razón de mi alejamiento?

Voilà.

Bebé

Pues sí, he sido mamá en septiembre del año pasado. Como podéis suponer, eso ha requerido bastante atención por mi parte antes y después del nacimiento del peque, y eso ha restado tiempo a otras actividades. Pero, afortunadamente, un bebé de tres meses es muchísimo más fácil de cuidar que un recién nacido, y poco a poco voy ampliando mi campo de acción.

Hoy, por ejemplo, participaré brevemente en el programa Pensamiento Positivo de ABC Punto Radio, con algunos comentarios sobre técnicas de productividad y su impacto sobre la vida personal. Y retomaré las publicaciones en el blog, aunque no veréis el resultado inmediatamente. Mientras tanto, pasadlo bien y disfrutad del mes de enero.

Personalizando la Productividad

El pasado fin de semana nos reunimos unas cuantas personas interesadas en esto de la productividad con ocasión del Taller “¿Procrastinaqué?”.

Es diferente abordar la formación en este tema en el seno de una empresa o en el entorno personal.

En primer lugar, en la empresa las personas están menos dispuestas a reconocer en voz alta sus peores rasgos a la hora de enfrentarse a su tarea (en demasiados lugares sobrevuela la amenaza “todo lo que diga puede ser utilizado en su contra”). Además, cuando los contextos son más homogéneos, la casuística se reduce.

La heterogeneidad puede dificultar un tanto la planificación de la formación, pero es justamente lo que yo estoy buscando. Hace años que percibo que, a pesar de las declaraciones tipo “este sistema es el que necesitas” que leo en muchas publicaciones, falta una adaptación de los diferentes modelos de organización a las características personales de cada sujeto y tipo de tareas. Y ese es en muchas ocasiones el origen del fracaso en implantar el método.

Y es que GTD es un sistema magnífico… para algunas personas. Una de sus virtudes, los grados de libertad en la gestión de tareas, se convierten en un creador de incertidumbre y caos para aquell@s que necesitan más estructura. La Anti-Programación (Unscheduling) es un recurso aplicable a casi todas las personas, pero no del mismo modo. Y eso sin entrar en las herramientas de gestión, que plantean la duda entre usar lápiz y papel, agendas electrónicas, programas complejos como Outlook o sencillos como Evernote, etc.

En resumen, también es imprescindible  la personalización en la formación y asesoramiento en Productividad. El cacareado principio formativo “no hay dos personas iguales” es uno de esos lugares comunes que después, desgraciadamente, no se aplican bien. Porque es difícil.

Necesitas perfeccionar el análisis de necesidades de las personas a las que se dirige tu propuesta, afilar tu mensaje y depurar el conjunto de técnicas que les ofreces para encontrar aquellas que se adaptan mejor a su perfil.

Por supuesto, además, cuanto más se alejan las circunstancias, motivaciones y personalidad de tu cliente de las tuyas propias, más complicado acertar.

Mi solución para ello es la investigación. El ciclo de talleres que comenzó el sábado pasado es un espacio de aprendizaje para los y las asistentes, que encuentran herramientas y puntos de vista que les ayudan a entender mejor su propio perfil productivo y a mejorarlo. Pero también es un laboratorio en el que yo experimento diferentes técnicas y recursos, y del que extraigo conclusiones. Por ello, el precio de estas ediciones es reducido y está concebido para cubrir gastos, básicamente.

Una inversión de tiempo y atención por mi parte, y por parte de quienes asisten, que creo que está dando buenos resultados para todos.

Esta entrada está dedicada a Javier G. Recuenco, de quien he aprendido todo lo que sé sobre personalización (siendo lo que yo sé una gota de agua en el océano de la disciplina, pero que me ha aportado un punto de vista esencial en mi actividad).