Segunda edición del Taller Laboratorio “¿ProcrastinaQUÉ?”

Ya tenemos fecha y lugar para la segunda edición del taller: será el sábado 23 de junio en las instalaciones del Centro IMF Formación, ubicado en el centro de Madrid y con excelentes comunicaciones por Metro, autobús y Cercanías Renfe.

El tema: la Procrastinación.

O, para ser más precisos, cómo evitar la procrastinación.

Me refiero a esa tendencia a dejar para mañana las tareas que sabemos que tendríamos que estar haciendo hoy, con las lamentables consecuencias sobre nuestra autoestima, serenidad y control de nuestra vida.

Para que la lista de tareas pendientes no se nos coma no basta con implementar un buen sistema de gestión de tareas. Ni GTD ni Autofocus  pueden evitar tu ansiedad al enfrentarte a ciertas tareas, ni tu sentimiento de culpa y sobrecarga al pensar en todo aquello que estás dejando de hacer. La procrastinación tiene su origen en nuestras estructuras mentales, nuestro modelos y referencias acerca de qué supone ser una persona organizada y productiva, nuestros hábitos de trabajo… Todo eso es lo que vamos a observar, deconstruir, y reconstruir de una forma mejor y más saludable.

La metodología: Taller Laboratorio

No hay técnica o recurso que sirva para todo, ni que pueda aplicarse por igual en todos los casos personales. Como formadora y coach, necesito ofrecer a las personas que asisten a mis sesiones o participan en mis cursos y talleres la mejor atención individualizada, y esto no es posible si no tengo experiencia con la mayor cantidad posible de casos particulares y distintos que me permitan ampliar la oferta de soluciones.

A la vez, siempre estoy diseñando nuevos materiales y técnicas pedagógicas que necesito probar. Por mucha preparación que dedique a una dinámica de aprendizaje, nunca termina de estar lista hasta que sale a escena unas cuantas veces. ¿Cómo conjugar el ofrecer a mis clientes un producto probado y sin grietas? Sometiéndolo antes a una prueba sobre el terreno. Para eso cuento con estos talleres-laboratorio.

En ellos, invito a particulares a tomar parte en formaciones experimentales a un precio reducido, en el que puedo aprender de sus experiencias personales y terminar de ajustar mis propuestas de enseñanza.

¿Cuál es el trato?

Tú, que participas en el taller, tienes la oportunidad de mejorar tu productividad personal con una inversión económica muy inferior a la habitual. Aportarás tus valiosas experiencias personales y tus ganas de mejorar y probar algo diferente. A cambio, recibirás ideas y recursos clave para procrastinar menos cada día.

Y no te asuste el concepto de “laboratorio”: si bien es cierto que probaré nuevos esquemas para mis sesiones, apenas notarás la diferencia respecto de un taller normal. Considéralo algo parecido a las carreras de prototipos de automóviles: ningún fabricante lleva un coche sujeto con cinta aislante, sino que cuida todos los detalles antes de que el vehículo toque el asfalto.

¿Cómo puedes participar?

Envíame un correo o deja un comentario con un mail de contacto si quieres inscribirte. No te lo pienses mucho, porque solo tenemos 10 plazas.
De todos modos, si crees que no vas a poder venir el 23 de junio o Madrid te queda lejos pero te interesa el tema, escríbeme igualmente y te haré llegar la información sobre próximas convocatorias presenciales o a distancia.

Los detalles los tienes en esta presentación. (Si no quieres dejarte la vista, haz clic en la esquina inferior derecha para ver la presentación a pantalla completa).

Dejando la vida aparte

Cuando pensamos en una persona productiva, es frecuente que le añadamos cualidades como la disciplina, la capacidad para renunciar a la satisfacción inmediata en favor del bienestar futuro o la resistencia a la frustración.

Es una asociación cierta. Hasta cierto punto.

Hoy voy a referirme a mi caso personal al hablar de este tema, ya que es bastante ilustrativo.

Yo no soy una persona disciplinada (ya hablaré otro día de esta y otras carencias, aliviadas en buena medida por un Sistema Efectivo de Gestión de Tareas) pero sí soy capaz de renunciar a ciertos placeres cotidianos para absorber un pico de trabajo.

Esto no sólo incluye dejar de cultivar facetas de mi vida personal que nada tienen que ver con el trabajo, como tocar el bajo, dibujar, refrescar mis escasos conocimientos de fotografía o reunirme con los amigos.

Si la lista de tareas aumenta y percibo que es necesario un empujón, puedo incluso postergar aquella parte del trabajo más agradable pero menos urgente. Por ejemplo:

  • Escribir un relato nuevo para las sesiones de cuentos sobre Igualdad de Género que llevaré a las escuelas infantiles de Rivas en abril. Crear material para trabajar este tema con niñas y niños de 1 y 2 años, y que además sea ameno y no aburra a las ovejas es tan complicado como divertido.
  • Terminar un artículo a dos manos con Javier G. Recuenco para su blog.
  • Diseñar un nuevo taller sobre productividad.
  • Preparar una presentación para explicar la metodología de trabajo psicomotriz que llevamos a cabo en la Escuela Infantil Reggio
  • Leer y releer libros y artículos pendientes.
  • Ó, sin ir más lejos, redactar artículos para este espacio y para el blog de Sensei Consultores.

Postergar todas esas ocupaciones agradables pero poco acuciantes en favor de la puesta a punto de la agenda, el archivo de papelamen diverso (¡puaj!), la gestión de mis asuntos fiscales y contables o la redacción de memorias es cierto que funciona. Asegura que completaré las tareas molestas sin dejarme atrapar por el caramelo de las presentaciones, la creatividad o la lectura.

Funciona durante un tiempo. Corto.

Porque si alargo demasiado el esfuerzo, la consecuencia es que mi productividad cae en picado. Mi cerebro se rebela contra la idea de estar siempre paleando grava sin una recompensa apetecible. Sí, las tareas urgentes se resuelven pero no hay diversión.

Y mi atención, como un alumno rebelde al que han castigado sin recreo para que complete los deberes de latín, se dispersa, enfadada, y no hace el trabajo. Tampoco se divierte, pero no trabaja.

¿La solución? Abandonar cuanto antes la zona de altas presiones y retornar al Unschedule. En otra ocasión le dedicaré más tiempo a explicar el concepto, pero se resume en programar en primer lugar los momentos de esparcimiento, tanto laborales como personales. Y recuperar la diversión para volver a ser productiva.

Porque “dejar la vida” aparte para sacar adelante un proyecto, solucionar un pico de trabajo o reparar una catástrofe sólo puede ser una medida puntual y de duración limitada. Pasarlo bien y ser feliz es la mejor forma de ser productiva.